22 mayo, 2012
11 abril, 2012
Joaquín Vidal

02 abril, 2012
Aniversario
A mi padre le encantaba Juanito torero danzando con zapatillas de aluminio. Ningún cielo se puso amarillo por encima de Juan Gómez jugaba vestido de luces con una cintura gatuna y mágica sobre el verde más verde del Paseo de la Castellana. Erizaba el césped tan artísticamente, tal veloz, tan recreado en la suerte del regate, portando un 7, haciendo sietes, con ese rostro de torero gitano y desigual. Pareciera que a Juanito le latiera España con todas sus costas azules, la marea de esa saliva granuja que le bajaba de vez en cuando al fondo del mal, buscaba el quiebro, la esquina de luz saliendo del regate: un paraíso blanco con letras ZANUSI. En noventa minutos se encontraba por debajo y por encima del cielo: su recodo oscuro de césped donde tiraba de navaja, argumento salival y taconazo flamenco, como aquel que le abrió la jeta misma a Mattaus. Ya eres mayor si tuviste poster de Juanito de blanco con la camisita de Zanusi y recuerdas radifónicamente esa poética ochentera y maldita del Bernabéu del Borusia y demás. Es preciso ver tan vivo a Juanito en el Informe Robinson correr la banda, buscar el gol por un camino Trianero y artístico. A Juan Gómez le cortó la coleta toreramente Curro Romero, bajo la luz insólita de unas gafas rayban. Después de aquella unción todo es gloria por muchos troncos que haya jodiéndonos la carretera y la vida misma.
28 febrero, 2012
Memoria de Julián

Atravieso más de treinta semáforos al día, rojos y verdes. Radares y amenazas. Pruebo a vivir como dice Caballero Bonald en su reconstrucción de la posguerra. Y regreso a tu mismo café, bebo el mismo caldo negro, en ese bar remozado que es un pasillo de sombras, de tu sombras y amaneceres y aprendizajes con Pellón. Del abrazo con S. Bolín salgo más armado para afrontar el final de la mañana que conduce a una piscina azul, ajena a todo lo demás. Seguimos de noche al agente Mcnalty como si siguiéramos a una imagen de los todos los buenos que pierden siempre. Por eso tengo un perro digo a los que nos preguntan, como un territorio negro que te mira con ojos limpios y buenos, un perro que tiene ladrido y me lame por la mañana; no lo entiendes si tu latido es de madera. Pierden siempre los mismos, por eso a Juli le amurallan Sevilla, como si el agua de aquella tarde de lluvia y puerta del príncipe se hubiera llevado la ley y los olés al fondo oscuro del Guadalquivir como un ancla olvidada de toreo mojado y hermoso. Como si no hubiera memoria. El mismo agua que se lleva la memoria gris de los muertos que también perdieron amparados por ese juez tan Mcnalty.
20 febrero, 2012
Ayer
Zoe es blanca y despierta a Nora de madrugada en su guarida de sueño. Llego a media tarde de una ciudad donde los parques están en lo más alto y donde la carrera es un agobio salvado por la voz que me regala el nieto del niño de la puerta del sol. Te veo por una mirilla que mira al pasado. Todo va tan rápido que los minutos son futuro, a nosotros se nos escapa el presente entre las manos y el mar desde la ventana del hotel es quieto y negro. No para de nacer gente. N. es un príncipe tranquilo con faldones y demás. Nora se bebe la vida. Corre interminablemente. Pregunta cantando y sonríe por todo. Sabe parar la película, tiene el don de dirigir el tiempo, de comenzarlo. Henry afila su cadera y como Nora se bebe también la vida. Engulle mis árboles y mi jardín literalmente. Veo también por la mirilla del pasado un manojo de lances de Pepe Luis Vázquez en Utrera, vestido de corto, cogiendo el capote tan antiguamente, arrugadamente; como trayendo el pasado sevillano al presente mismo de la crisis, lanceando a un utrero con el don divino de la naturalidad, como si todo el cuerpo manejara el capote, como si el cúbito de las muñecas llegara hasta el alma rosa del capote. Un torerazo rubio venido también como tú por la mirilla del pasado.
