22 mayo, 2012

La torería de L. Carlos Aranda

En la oscurecida de la noche, se plantó Luis Carlos Aranda de negro y plata. La noche bajo una distancia Cheneliana y poética, bajando las manos como en la espera de una amanecida lumínica , arrastrados los arpones en mitad del albero y del aburrimiento isidril. Dejó arrancarse el toro con las manos abajo, viéndolo venir. La luna puesta y asomado el mechón celestial de Chenel. Qué  manera de clavar, de andar y de salir de la suerte, de parar el tiempo y el curso mismo mismo de la feria. Son los toreros deslumbrantes los que hacen caminar esta fiesta. Qué golpe de estado al pegapasismo y al aburrimiento que según Umbral sería pesimismo oscuro. Y qué torero y distinto Morenito con la izquierda; vestido así recordó la sinfonía natural de José Tomás de grosella y oro con aquel toro de Bayones. Y vayan mis disculpas a la saga de Joselito L. de Castro. Claro que nos acordamos del aniversario Morantista del 21 de Mayo, cielo de capote rosa. Y cuanto, cuanto nos acordamos de Antoñete y de la voz fantasmal del tendido : “Antoñete vuelve”.

11 abril, 2012

Joaquín Vidal




He conocido críticos. Mitos aparte (Alfonso Navalón y otros). Casi todos hacían gimnasia de barra de bar, malabar con la cartera, genuflexión, lametazo y glorificación del postulante. Jamás les vi pagar una entrada. Matan por un callejón y su segundo de gloria. Juntar las letras o poner la voz en cualquier garito para hacer gratis el deporte de ir de plaza en plaza. Ninguno espléndido. Muchos roedores de burladero y manguito, empequeñeciendo a la fiesta. Joaquín Vidal era literatura. Dominaba el periodismo taurino desde una tribuna literaria y profunda. Dominaba primero el leguaje. Escribía. Dominaba la materia. Y era honrado con todos los haces de luz capotera que atravesaban sus cuadriculadas lentes de pasta. La muleta planchá fue un poemario. Leerla hoy resucita a Antonio Chenel Antoñete y la magia de aquel día. La crónica debe ser un viaje en el tiempo a la misma emoción de la faena, al calor del beso, al sonido del timbal. Le pidieron a Antoñete que pusiera la muleta planchá, decía el primer verso: y ves a Chenel andar hacia el toro de lila y oro, empacar la tarde y alumbrar el recuerdo con una luz blanca de mechón y trinchera: “una trincherilla instrumentó Antoñete y la plaza se iba a venir abajo. La trincherilla constituía el símbolo número dos de la torería en estado puro”.

02 abril, 2012

Aniversario






A mi padre le encantaba Juanito torero danzando con zapatillas de aluminio. Ningún cielo se puso amarillo por encima de Juan Gómez jugaba vestido de luces con una cintura gatuna y mágica sobre el verde más verde del Paseo de la Castellana. Erizaba el césped tan artísticamente, tal veloz, tan recreado en la suerte del regate, portando un 7, haciendo sietes, con ese rostro de torero gitano y desigual. Pareciera que a Juanito le latiera España con todas sus costas azules, la marea de esa saliva granuja que le bajaba de vez en cuando al fondo del mal, buscaba el quiebro, la esquina de luz saliendo del regate: un paraíso blanco con letras ZANUSI. En noventa minutos se encontraba por debajo y por encima del cielo: su recodo oscuro de césped donde tiraba de navaja, argumento salival y taconazo flamenco, como aquel que le abrió la jeta misma a Mattaus. Ya eres mayor si tuviste poster de Juanito de blanco con la camisita de Zanusi y recuerdas radifónicamente esa poética ochentera y maldita del Bernabéu del Borusia y demás. Es preciso ver tan vivo a Juanito en el Informe Robinson correr la banda, buscar el gol por un camino Trianero y artístico. A Juan Gómez le cortó la coleta toreramente Curro Romero, bajo la luz insólita de unas gafas rayban. Después de aquella unción todo es gloria por muchos troncos que haya jodiéndonos la carretera y la vida misma.

28 febrero, 2012

Memoria de Julián





Atravieso más de treinta semáforos al día, rojos y verdes. Radares y amenazas. Pruebo a vivir como dice Caballero Bonald en su reconstrucción de la posguerra. Y regreso a tu mismo café, bebo el mismo caldo negro, en ese bar remozado que es un pasillo de sombras, de tu sombras y amaneceres y aprendizajes con Pellón. Del abrazo con S. Bolín salgo más armado para afrontar el final de la mañana que conduce a una piscina azul, ajena a todo lo demás. Seguimos de noche al agente Mcnalty como si siguiéramos a una imagen de los todos los buenos que pierden siempre. Por eso tengo un perro digo a los que nos preguntan, como un territorio negro que te mira con ojos limpios y buenos, un perro que tiene ladrido y me lame por la mañana; no lo entiendes si tu latido es de madera. Pierden siempre los mismos, por eso a Juli le amurallan Sevilla, como si el agua de aquella tarde de lluvia y puerta del príncipe se hubiera llevado la ley y los olés al fondo oscuro del Guadalquivir como un ancla olvidada de toreo mojado y hermoso. Como si no hubiera memoria. El mismo agua que se lleva la memoria gris de los muertos que también perdieron amparados por ese juez tan Mcnalty.

20 febrero, 2012

Ayer

Zoe es blanca y despierta a Nora de madrugada en su guarida de sueño. Llego a media tarde de una ciudad donde los parques están en lo más alto y donde la carrera es un agobio salvado por la voz que me regala el nieto del niño de la puerta del sol. Te veo por una mirilla que mira al pasado. Todo va tan rápido que los minutos son futuro, a nosotros se nos escapa el presente entre las manos y el mar desde la ventana del hotel es quieto y negro. No para de nacer gente. N. es un príncipe tranquilo con faldones y demás. Nora se bebe la vida. Corre interminablemente. Pregunta cantando y sonríe por todo. Sabe parar la película, tiene el don de dirigir el tiempo, de comenzarlo. Henry afila su cadera y como Nora se bebe también la vida. Engulle mis árboles y mi jardín literalmente. Veo también por la mirilla del pasado un manojo de lances de Pepe Luis Vázquez en Utrera, vestido de corto, cogiendo el capote tan antiguamente, arrugadamente; como trayendo el pasado sevillano al presente mismo de la crisis, lanceando a un utrero con el don divino de la naturalidad, como si todo el cuerpo manejara el capote, como si el cúbito de las muñecas llegara hasta el alma rosa del capote. Un torerazo rubio venido también como tú por la mirilla del pasado.

02 febrero, 2012

Silvar en la noche

Paloma silbaba en la misma madrugada, un silbido hacía la noche, la misma noche que no tiene paredes de Caballero Bonald, esa misma noche como una media luna oculta que vive Padilla. Como un silbido atraviesa el tiempo P. surfeando la veintena con una melena roja y glotona, cruces en el pecho y demás. Lo mejor es que baje el tobogán de la década de los veinte gastando las telas como ese sofá, tú sabes. Más, la otra P. con esa otra media luna blanca luminosa ve el torero la reaparición, el lance rojo y la posibilidad. Si hay valentía para torear despacio con dos ojos, que no se necesitará para torear quieto con una guía. Uno imagina el toro perdido en el trayecto de la suerte, de cualquier suerte; la realidad convertida en intuición pensada por un ojo lorquiano. El toreo en la raya misma de un precipicio oscuro, obviando el miedo al vacío desconocido. Mientras Wert –nombre tan literario- quiere dar vista y mimo al toro y el G-10 se pierde en no se qué batallas televisivas y twiteras. Yo creo que necesitamos un tren. Un tren antiguo e ideológico como aquel que tomaron Joselito y Belmonte. Un tren con ideología moderna y humo blanco que cubra de niebla y pasado toda este negocio arcaico, dinosáurico y Quevediano. No se si Zoe verá hombres vestidos de luces.

23 diciembre, 2011

Cielo de niebla y halcón

Un hombre bueno venda y cura mi pie. H. crece, se suicida en cada terraplén, alcanza un negro celestial y me come a besos. Descubro con él los amaneceres de los últimos meses, desde los azulados cielos del ático veraniego, hasta estos días que H. rompe de negro la niebla. Nada que ver con el hombre de diario: en toda su anatomía no hay vértebra para la mentira ni la maldad, así que todo su lomo es una ética de buen querer. Le dejo agazapado en sus guaridas y divertimientos. Más tarde una bala de tren como un látigo atraviesa también la niebla, mientras en el kindle se aparece fantasmal la historia convergente de Tengo y Aoame. Luego cierro los ojos. Me viene la madrugada en que llegamos a La Habana tan de noche. Toda la ruina, el carmín y la belleza de la ciudad dormida. Te echo muchísimo en falta y me alimenta cada flashback. Que grande poder guardar el amor. También como flashback torero aparece el arte del video de ayer: Pepín Martín Vázquez, el torero que viajó herido en el Cadillac de Manolete como el viaje de la canción de Loquillo, el mismo Cadillac que cruzó media España al volante de Gitanillo de Triana en busca del doctor Jiménez, el día de Linares. Martín Vázquez toreaba tan graciosamente, con la muletita retrasada tras un cuerpo muy Antonio Bienvenida. Todo despacio, pizca Romero y Morante. Era la primera evolución del toreo quieto de Belmonte. El taxi redondea Madrid por la M-30, veo el techo mudéjar de Las Ventas, ese cielo que ya sobre vuela Chenel como halcón torero de Madrid. Feliz Navidad, torero.

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